Contra la peatonalización de los centros históricos en ciudades medias

Una apología al caminar libre. Por TODA la ciudad.

Siempre he sido un defensor de la peatonalización de los centros históricos, por ejemplo el de Tarifa, donde ejerzo actualmente como Arquitecto. Sin embargo, hoy, y sin que sirva de precedente, me gustaría darme el placer de contradecirme y aportar cuatro argumentos por los que creo que la peatonalización del casco histórico de Tarifa no es urgente ni prioritaria. Y aquí van:

1º La peatonalización acelera los procesos de turistificación y disminuye la diversidad de usos.

Las viviendas para vivir donde descargar la compra o recoger a la abuela para ir al médico se vuelven tareas bastante más complejas, irán poco a poco dejando paso e viviendas turísticas donde los habitantes ocasionales disfrutarán de salir de casa y dar un paseo a pie por entre las diferentes terrazas del centro.

Algunos negocios verán imposible continuar con su labor habitual, por ejemplo una tienda de venta de electrodomésticos. Los establecimientos enfocados al turismo (cafeterías chic o tiendas de ropa tematizadas) sustituirán a negocios tradicionales como panaderías o pescaderías. Los alquileres de los locales subirán.

2º Es necesario cambiar el modelo centrífugo de inversión pública en la ciudad (y en los territorios), el modelo centralizador, por otro centrípeto o de nuevas centralidades

Es decir, una importante cuantía de los presupuestos que se ejecutan sobre partes concretas de la trama urbana se llevan a cabo en los centros históricos. En ciudades turísticas como Tarifa, que poseen un centro histórico relevante que aglutina la mayoría de los edificios notables (ayuntamiento, Castillo, biblioteca, casa de la cultura, casa de la juventud, archivo, teatro, mercado, etc.) y que además tienen el añadido de contar con un innegable valor paisajístico y patrimonial, este modelo de inversión es algo que apenas se cuestiona. Sin embargo, el desborde desde el centro hasta los barrios de estas inversiones no se produce tan eficazmente como cabría esperar y en muchas ocasiones son propietarios no residentes en la ciudad quienes aprovechan las cualidades del centro histórico para ubicar sus negocios y obtienen los mayores beneficios. En cambio, sería interesante valorar la alternativa en la cual el porcentaje de inversiones realizado en los barrios aumentara y sus habitantes pudieran tanto disfrutar de los beneficios sociales que ello implica, como intentar sacar partido económico de la revalorización de sus barrios.

3º Pero pensemos en los peatones

Sería osado afirmar que el principal problema de los centros históricos es la presencia del coche, aunque posiblemente se generaría un mayor consenso si en lugar de esto se dice que es la supremacia del coche por encima del peatón, su monopolio de la calle, la que causa los mayores conflictos en cuanto que hace residual cuantitativa y cualitativamente el espacio destinado a los peatones. O dicho de otra forma, existen mecanismos de compensación para el peatón que no necesariamente implican la peatonalización de una vía. En algunas ocasiones es suficiente con ampliar la dimensión de las aceras, o con colocar arbolado que produzca sombra y refresque el ambiente. A esta adaptación de la ciudad al peatón es a la que llamo peatonificación de la ciudad, en contraste con el término “peatonalización”.

4º Y hagamos TODA la ciudad más caminable

Teniendo en cuenta el punto 1º y el 2º, la peatonalización completa de ciertas vías puede tener una mayor repercusión social si se descentraliza. Las calles peatonales pueden servir para coser el tejido urbano y unir las distintas islas-barrios en las que se constituyen algunas ciudades grandes o medias (como Tarifa: la Marina, la Chanca, los Pajaritos, las 190, etc.). De esta forma, una red de calles destinadas al peatón que uniese la periferia con el centro de la ciudad, y conformara un entramado con la suficiente capilaridad, podría generar un tejido urbano más rico y diverso.